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14.7.09

Carta a Pola (II)

Querido Pola, te mando estas impresiones porque creo que eres el más indicado para contestarme. Lo siento, pero parece que te has convertido en algo así como mi guía espiritual. Necesito que le leas esta carta a las olas del mar, y a ver que te contestan.

Conforme tomo perspectiva, la memoria pierde su importancia hasta agotarse en un paisaje muy distinto de la imagen de mi ser y comparado con ella, ese paisaje es más real, más propio, más yo que yo misma. Para intentar explicarme he de recurrir a una leyenda presuntamente muy antigua y a un recuerdo de mi niñez.

Este es el recuerdo de mi niñez:
Cuando era niña mi madre insistía en que practicara hora y media al día el juego del ajedrez. Me ponía ante un computador y ella leía mientras yo jugaba. Cada mes hacía sus tablas de resultados, y exigía avances. Un día leí que un programa de ajedrez no era más que un enorme manual de instrucciones con millones de partidas memorizadas y heurísticos que decidían la jugada más óptima dada la posición de las piezas. Cuando me puse frente a la pantalla me pareció un timo. Yo estaba jugando, pero ella no. Hacía como que jugaba pero en realidad me leía un movimiento que alguien hizo alguna vez en unas condiciones parecidas y resultó óptimo. Le expliqué lo sucedido a mi madre, y ella me buscó un apuesto universitario dispuesto a jugar al ajedrez.
No tardé en contarle mis impresiones acerca de la inteligencia de las máquinas, a lo que él me contó que un jugador de ajedrez, para ser de verdad bueno, ha de memorizar miles y miles de jugadas estandarizadas y que, sobre todo al principio de las partidas, los jugadores no se comportaban de modo muy diferente al de las máquinas. No volví a jugar. Poco después encontré el Go, un juego con tantas variables que la informática no consigue retar a un gran maestro, porque resulta inasequible para la memoria.

Esta es la presunta leyenda china:
Un libro sobre el caos “Espejo y Reflejo” comienza así (tomo lo que me interesa):
"Una antigua leyenda china nos brinda una metáfora de los enigmas del orden y el caos.
Según esta leyenda, hubo una época en que el mundo de los espejos y el mundo de los humanos no estaban separados como lo estarían después. En esos tiempos los seres especulares y los seres humanos tenían grandes diferencias de color y de forma, pero convivían en armonía y además era posible ir y venir a través de los espejos. Sin embargo, una noche las gentes especulares invadieron la tierra sin advertencia y se produjo el caos. Mejor dicho, los seres humanos pronto advirtieron que las gentes del espejo eran el caos. Los invasores eran muy poderosos y sólo se los pudo derrotar y regresar a los espejos gracias a las artes mágicas del Emperador Amarillo. Para mantenerlos allí, el emperador urdió un hechizo que obligó a esos seres caóticos a copiar mecánicamente los actos y la apariencia de los hombres.
La leyenda aclara que el hechizo del emperador era fuerte pero no eterno, y predice que un día el hechizo se debilitará y las formas turbulentas de los espejos empezarán a agitarse. Al principio la diferencia entre las formas especulares y las formas conocidas pasará inadvertida, pero poco a poco se separarán pequeños gestos, se transfigurarán colores y formas y de pronto ese mundo encarcelado del caos se volcará violentamente en el nuestro."

La verdad es que el Emperador Amarillo sabía lo que hacía. Ató a los seres a una imagen. No hemos hecho más que imitar al maestro, añadiendo otras imágenes análogas a la nuestra hasta convertir el alma en mente y la vida en recuerdo.
Esos simulacros de burgueses que llaman a vivir “realizarse” y procuran su vida como si fuera un álbum de fotografías, son una parodia de la forma de vida común, en la que alimentamos monstruos con nuestro ego. Pero el tiempo pasa y la imagen en el espejo, por suerte, se vuelve amenazante. En Orfeo, Cocteau escribe, dictado por Heurtebise, “un ángel de vidrio”: “Los espejos son los puentes a través de los cuales la muerte va y viene. No se lo diga a nadie. Por lo demás, mírese a lo largo de su vida en un espejo y verá a la Muerte trabajar como abejas en una colmena de vidrio
Así, la imagen del espejo nos devuelve la cara de la muerte. Pero es en realidad ella lo único que muere.
Ese mismo libro de Caos empieza con un verso de Chuang Tzu:
"El Emperador Amarillo dijo: “Cuando mi espíritu atraviese esa puerta y mis huesos regresen a la raíz de la cual nacieron, ¿qué quedará de mí?

Creo que intuyo la respuesta: “Todo menos mi puto ego”


Nos vemos pronto, pero no en París.

2.6.09

Carta a Jeanne

Querida hermana.

Tengo noticias: Gabrielle, Anette y Asier van a pasar un largo verano a Grecia. ¡A tu casa! Se alejan del ruido de París. La verdad es que están preocupados por Asier –todos lo estamos ¿eh?
Te tengo calada, vas un paso por delante. Ya habrás visto que Eugen, que vuelve nuestras virtudes en contra nuestra, está haciendo de su coraje y del amor desmedido por su pesada madre un hilo del que tirar hasta que no quede nada más que miedo y odio en él. Así están las cosas. Incluso tu padre, la persona que mejor se lo monta que he conocido, está tan preocupado por vuestro futuro que a veces pierde contacto con el presente. Temiendo la oscuridad uno puede llegar a cerrar los ojos en un día soleado como éste. Lo que se nos muestra como Eugen sabe cultivar el miedo, inocularlo y que nosotros nos lo contagiemos. Vencerle es vencernos a nosotros mismos.
Lorca, un gran poeta español –y marica, como todos los españoles lo son un poco- decía en un poema:
“y al que le duele su dolor le dolerá sin descanso
y al que teme la muerte la llevará sobre sus hombros.”

Y eso es lo que suele ocurrir si uno no está pero que muy centrado. Intuyo que te has visto reflejada en Asier y que eso te ha descubierto el laberinto en que Eugen os ha metido a Pola y a ti. Nos preocupamos por que tengáis una adolescencia normal, a veces incluso presuponemos que vosotros tomaréis nuestro relevo en la lucha contra él, pero vuestra guerra es ahora ¡no cuando tengáis nuestra edad! Y la victoria está en tener una vida armoniosa, sin que caigamos en la trampa de hacer de su ruido nuestra música. Es tan intensa la felicidad en la contemplación de lo que existe que a veces cuesta respirar. Tu padre me transmite eso, sé que a ti también. Tenemos suerte.
Bueno, creo que llegó el momento de parar, espero impaciente tu respuesta y te quiero hasta la ilegalidad.
Marion.

Por cierto, dentro del video de geografía de marruecos (un regalo que te mandaré con Gabrielle) hay un montón de maría ecológica de la que da risa y algo de chocolate. Me he enterado que tu madre la drogata te ha pillado expropiándole del cajón. ¡Nunca le pilles a tus padres, por muy liberales que PAREZCAN!

9.3.09

Carta a Gabrielle

Vivimos en la misma casa, una casa grotesca, encantadora, enorme y onírica. Aquí es muy fácil hacer cualquier cosa pero por mucho que lo intento no logro anudar una conversación que queda siempre pendiente. Por eso te pido que dejes que los pensamientos y los sentimientos que esta carta siembre en ti maduren y y que con su fruto me contestes, aunque sea un fruto amargo.
Poca gente se conoce a sí misma, y menos a otros. Pero tú, tan cercana y cariñosa, eres la persona más desconocida que he querido nunca. Si a veces hablo de identidad, no lo hago para que te aferres a la realidad de tus recuerdos, poco me importa si tu historia es real o ficticia. Te pregunto sobre quién eres porque no encuentro un hilo del que tirar y que salgas a mi encuentro.

Al principio creí que te esforzabas demasiado en vivir, y que por eso resultabas tan agotadora. Y en esa falta de serenidad del ser tu yo se rompía dispersándose en multitud de espejos, cada uno con su reflejo de cada uno de los otros. De nosotros.
A pesar de eso un brillo silvestre en tu mirada estrábica me gustaba, pensé que en tu desnudez se escondía un pedazo de bosque y tuve la imprudencia de buscarlo sin más. Como un eco salido de tono respondiste regalándome tu corazón y el mismísmo fruto de tu vientre. Parecía un sueño en que las leyes de lo absurdo dejaban en evidencia mi falsedad y me condenaban a la soledad.
Escandalizada por tu forma de enamorarte de mí y avergonzada de mi papel en ese teatro temerario, le pregunté a Eugen. La posible influencia de esa charla en lo que hizo después me convierte en partícipe de su ira. Fui tan imbécil como para imponer lo que yo quería que él fuera a lo que él decía que era hasta el punto peligrosísimo de no temerle.
Me dijo que eras un ser de confusión, un espejo infinito de reflejos grotescos que convierten todo en irrealidad. Te llamó aspirante a dios suicida. Se que no hay que creerle y también que siempre dice la verdad.
Y en el lago de nuestras lágrimas de autocompasión admirábamos nuestro reflejo cuando la gente empezó a morir a nuestro alrededor. Yo me refugio en la bebida, y tú ¿dónde te escondes cuando las cosas te dejan en evidencia? No lo haces, te muestras altiva y serena. Cuando deberías mostrarte más humana o derrumbarte entreveo otro rostro más antiguo, un gesto de inocencia depredadora. Y eso me confunde, y también a los demás, por eso te temen. En los peores momentos, cuando ponías en juego la vida de tanta gente, hacías tus apuestas con tanta frialdad que te iluminaba una tiniebla inhumana. Hay algo sublime y oscuro en esa calma, creo que es una parte tuya que deberías explorar. Quieres ir de solar por el mundo, pero no eres así, también eres siniestra.
Está, por ejemplo, el desfase entre tu edad y la edad que aparentas, tanto físicamente como en tu forma de vivir o de mirar. Bueno, todo eso es para recordarte que eres un monstruo, como yo, como Xavier, como todos los que vivimos en esa monstruosa casa. Un monstruo que tiene mucho amor que dar -joder, eso no lo puedo negar y no tiene nada que ver con nada que pueda deducir o no de tu comportamiento, es algo que siento todo el rato- pero un monstruo terrible que no conoce su veneno, ni sabe donde tiene el aguijón, que pica por instinto. No sabes amar, Gabrielle, no sabes cómo administrar tu amor, no sabes, cómo, cuándo y qué dar. Te falla tu teoría del otro. ¿De verdad me amas Gabrielle? ¿No te parece, a veces, que podrías enamorarte de cuaquiera que te tuviera un poco de pena?, ¿que te diera un poco de sosiego? Yo me he comportado como tú, lanzándome al precipicio del amante desesperadamente, hasta asustarlo, con orgullo por lo dado. Eso no es amor, eso es gritar de desesperación ante la soledad.

Luego supe por Pola que habías estado muchos años sometida a una inercia de la que ahora eras libre. Pensé que después de tanto tiempo de alienación empezabas a construir tu yo y que tu egoísmo de principiante no te dejaba vivir sino a través de reflejos de los demás en ti, que amplificabas hasta la estridencia. Pensé que no habías tenido relación directa con el mundo y creí encontrar un terreno común de comunicación. Por fin pudimos hablar, y escuchaste. Parecía un principio. Muchas cosas malas habían pasado y se lo debemos a los que se han quedado atrás.
No quiero darte lecciones de nada, pero tengo la obligación de serte franca. Tu forma de acercarte provoca mis bajos instintos; te me muestras como una niña disponible a la que puedo levantarle la falda. No te amo, ni te voy a amar, me gusta contemplarte, me gusta mimarte un poco y decirte tonterías, pero no me atraes en absoluto. A pesar de que eso lo tengo claro, y lo tenía desde el primer momento, me sorprendo dándote largas, participando, aunque sea con mi negativa de tus juegos de amor vicario. Te tengo mucho cariño y mi forma de manifestarlo confunde, es una estrategia de putón manipulador, una forma que tengo de mantener las puertas abiertas por no quedarme sola frente a mí misma.

No hay nada nuevo en esta carta que no te haya comentado furtivamente alguna vez. Lo demás ya lo sabes, eres mi familia y los gitanos somos de los nuestros. Es que me preocupo por ti y quiero que seas libre, porque feliz ya lo eres, y me alegro.

Un beso de tu amiga que te quiere.

26.1.09

Carta de amor a Pola

Carta de Amor de Marion Zereni a Frantisek Pola con el objeto de rogarle que la última vez no fuera la última.

Pero ¿qué sabré yo de nada? Y de amor, ¿qué sabe nadie de amor? Salvo que no nos pertenece y que aun así es lo único que tenemos. Que es amando lo más que uno puede acercarse, acercarse alejándose de sí en el otro hasta dejar de ser para empezar a ser.
Sólo eres amando, es más, amando es lo único que eres. Tú lo sabes, y te rindes. ¡Victoria cuando te dejas hacer y te olvidas de ti para estar en mí! Amarme así no es una decisión, la voluntad no sirve, ni la razón, ni siquiera el deseo. Eres un médium y es por eso por lo que lo haces tan jodidamente bien.

No hay nada inmoral en eso ¿tienen miedo de que se agote la fuente inagotable de tu amor? Yo no. Tu amor no es tuyo, es un bien común y tan vital como el aire. Yo lo reclamo a la mínima ocasión. No tengo piedad de ti, pobre Pola.
Te quiero como quise a mi marido, como tú quieres a tu mujer. Tu amada Olympia. Sólo pasa que tal y como eres su Ulises, yo soy tu Circe, al menos desde que descuidado pisas mi isla hasta que los dioses me ruegan que te devuelva al mar.
Imagino el terror que ha de tener de despertarse y no verte en su cama, pero tengo la certeza de que nunca te perderá, y eso me alivia ¿Qué puedo destruir yo amándote?

Es que cuando invoco las verdades de mis entrañas el amor es lo único que mana de la fuente en la que bebían las sibilas. Y has resultado ser el mensajero de esas profundidades, portador del Cáliz, sonrisa de mi Aurora.
Cuando te marchaste me quedé como flotando. Tardé días en volver a cerrarme. Follar así es muy convincente, te sitúa. ¡No sabemos nada de nada! ¡Estoy enamorada de nuevo! ¡Joder, qué joven soy, te juro que me había olvidado!

Recuerdo aquella primera vez en la Torre, ninguna otra cosa era posible. Amar es lo que hacemos tú y yo cuando estamos juntos, es lo que somos. Resígnate, Pola, y no creas que eres débil, lo que se te muestra cuando follas con alguien a quien amas, lo que te rebasa, es una fuerza aniquiladora de voluntades ¡es Dios manifestándose en una de las formas más puras que podemos percibir! Esforzarse es inútil. Por eso te amo como un animal, no hay más.

Jeanne jugado en la playa, tu mujer abrazando a tu mini-yo, el mar plateado y el cielo tan azul: eso es lo que ocurre cuando amas. Tu amor todo lo contiene, también a mí. Lo que no es amor es ruido. Cuando te vas me dejas en ese silencio, una especie de estado de consciencia alterado en el que se ve la verdad de las cosas, y por unos días sé que no hay nada que temer.